Todos los años visito Cullera, un municipio dentro de la Comunidad Valenciana que mezcla mar y montaña, creando unos paisajes impresionantes de ver. Un día nos decidimos por ir a ver el castillo, ubicado en la cima de una montaña.
Al visitar esta fascinante basílica me di cuenta de que la arquitectura va más allá de un edificio, la arquitectura es saber apreciar todos los detalles, ver como se organiza el espacio para hacer resaltar lo más importante, las luces y sombras, que junto al paisaje hacen de la basílica algo impresionante.


La luz que entra transforma el ambiente, haciendo de el lugar un espacio único e inolvidable. Las vidrieras del Castillo de Cullera se encuentran en su pequeña capilla. Cuando la luz del sol pasa a través de ellas aparecen sus tonos cálidos y fríos, creando una atmósfera mágica. No son solo adornos o simples dibujos, te hace conectar con el lugar profundamente y espiritualmente.

Lo que más me impresiona son sus murallas y como esta organizado el espacio, se nota que es un castillo construido hace muchos años, diseñado para la protección y vigilancia.
A día de hoy esta abierto para todo el público y además de tener dentro una iglesia también tiene un museo. Lo que más me ha gustado es que para que todo el mundo pueda acceder a su interior, han incorporado un ascensor con vistas a el mar.
Es un espacio que transmite solo con mirarlo, te hace conectar y reflexionar. Pienso que es un gran ejemplo de como la arquitectura puede combinar técnica, funcionalidad y diseño.
BIBLIOGRAFÍA
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